Sin perdón en Sanxenxo

Ni discreción ni “vida personal en ámbitos privados”, como anunció el comunicado de la Casa del Rey, sino un recibimiento con besamanos encabezado por el alcalde de Sanxenxo (Pontevedra), Telmo Martín, alrededor de una muchedumbre que, descontadas las decenas de periodistas, rondaba el centenar de personas. Había ambiente de fiesta y reparación entre gritos de “viva el rey y viva España”. Se notaba incluso en el coche de Pedro Campos que llevaba a Juan Carlos de Borbón, que avanzó despacio por el puerto con la ventanilla bajada mientras el rey emérito saludaba, como en los viejos tiempos, a la gente que lo aclamaba. En la entrada al Real Club Náutico de Sanxenxo se agolpaba en las vallas un grupo de personas con tantas ganas de vitorear que le propinaron el primer “guapo, guapo” a un empleado que les acercó botellines de agua fría (provocando estampidas a los balcones del propio club creyendo que había llegado el rey emérito). Muchas de esas personas se emocionaron (al menos tres mujeres de avanzada edad rompieron a llorar) en el momento en que por fin, tras una hora de espera, el rey emérito, Juan Carlos I, bajó del coche acompañado por su hija la infanta Elena.

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