Los secretos de la larga búsqueda de un ermitaño llamado ‘Josu Ternera’

Durante casi siete años, desde septiembre de 2006 a julio de 2013, José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, Josu Ternera, residió escondido y de incógnito en una casa de piedra, a la falda de un monte, al pie de los Pirineos franceses. El lugar, al que se accede por un camino de tierra en cuesta, se denomina Ordas, y está dentro del término municipal de Durban-sur-Arize, un pueblecito de montaña de 100 habitantes sin bar ni mucha cobertura, aposentado en un valle atravesado por un río. El vecino que ocupa la casa de al lado, y que vive, entre otras cosas, de vender por los pueblos de la zona los pollos que cría y que asa en una parrilla ambulante, recuerda ver a Ternera casi cada mañana de todos esos años levantarse muy temprano para salir a correr o a caminar por la montaña, montar en bici, partir leña o dedicarse a la jardinería. Al principio se limitaban a saludarse a distancia, porque Daniel Martín, que era la identidad que Ternera utilizaba en ese lugar, era, según el vecino, un profesor retirado, reservado y poco hablador. Después se hicieron amigos. Durante todo ese tiempo, Ternera permaneció solo en la casa de esa granja remota sin hablar con nadie más que con un par de vecinos, sin recibir más visitas que las de su pareja y sin abandonar apenas los alrededores. Él asegura que por entonces ya no pertenecía a ETA.

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Las causas pendientes del exjefe etarra

Encarcelado en la prisión parisina de La Santé tras su detención, José Antonio Urrutikoetxea consiguió, en julio de 2020, que un tribunal francés le concediera la libertad vigilada bajo el control de una pulsera telemática. Pasó a residir en la sede de una comunidad religiosa en el centro de París, la Congregación del Santo Espíritu, de la que salía a estudiar en la universidad. Un año después, la justicia gala le retiró la pulsera y le permitió residir en la localidad vascofrancesa de Anglet, junto a su pareja, con la única obligación de comparecer periódicamente ante la comisaría más cercana a su domicilio. Allí residía cuando, en septiembre del año pasado, fue absuelto por un tribunal francés de un delito de pertenencia a ETA entre 2011 y 2013 en el primer juicio celebrado contra él tras su arresto en 2019. El histórico dirigente etarra tiene todavía pendiente otra causa en Francia. Hasta que se celebre esta vista, haya sentencia firme y, si es condenado, cumpla la condena, no será entregado a la justicia española.

Cuando fue detenido, la Audiencia Nacional reclamó a Francia su entrega por cuatro causas. Por dos de ellas -el atentado de la casa cuartel de Zaragoza y la financiación de ETA mediante las herriko tabernas-, la justicia francesa ya ha autorizado su extradición a España. En la primera de ellas, la fiscalía pide para él 2.354 años de cárcel por 99 delitos de asesinato consumados o frustrados. De las otras dos, una fue por el sumario abierto por un delito de crímenes de lesa humanidad en el que también están encausados otros exjefes de ETA. La justicia francesa rechazó esta petición al estimar que ese delito no existe en el código penal galo. La cuarta causa es por el atentado de 1980 en Vitoria que costó la vida a Luis María Hergueta, directivo de la empresa Michelin. Francia aceptó en primera instancia concederla, pero Ternera recurrió la decisión y los jueces franceses aún debe pronunciarse. Además, el pasado enero, el juez de la Audiencia Nacional Alejandro Abascal admitió a trámite la querella interpuesta contra él y otros tres exjefes de ETA por su supuesta participación en la decisión de atentar en la T-4 del aeropuerto de Barajas en diciembre de 2006.

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